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Eternauta: una Argentina distópica.

  • Foto del escritor: Miyu Godoy
    Miyu Godoy
  • 6 may 2025
  • 6 min de lectura
«Nadie se salva solo», es el slogan de la serie y un poco lo que engloba la punta del iceberg de la Argentina contemporánea.

Primeras impresiones

El primer detalle que me fascinó fue la atmósfera bien lograda en una Buenos Aires tapada por la nieve y, además, las tomas y recuadros de los cortes de escenas te dan la misma impresión que tenés cuando leés la historieta. ¡Es fantástico! Como no he leído el cómic en su totalidad, puedo decir, como primera espectadora de la serie que esto es lo que mejor está retratado durante los seis capítulos. Sumergirnos en una Buenos Aires apocalíptica, cubierta de nieve y con cadáveres desperdigados por toda la ciudad, nos deja como poco, una sensación escalofriante.

Sé que lo hemos visto en numerosas películas y series extranjeras, pero esto ¡es en Argentina! Es una sensación inexplicable y hasta irreal, pero está, por fin, disfrutamos de este tipo de género en nuestro cine.

El segundo detalle que me encantó fue la presentación de esta versión de Juan Salvo, no solo porque es un excombatiente de Malvinas, sino por lo bien creado que está; hasta sus traumas y las lesiones físicas—pérdida auditiva por exposición al ruido intenso—, lo que nos muestra un personaje de carne y hueso, con una historia detrás, e ideales bien marcados. Esa personificación de un argentino más, común, sin ninguna característica heroica como tal, excepto que, su espíritu empieza a moverse en lo colectivo. Quizás al principio no, porque está enfocado en reecontrarse con su familia, y en los próximos capítulos vemos a un Juan Salvo preocupado por los vecinos, que no son solo ajenos, son de su especie y están sufriendo, nota que si no hace algo, nadie los salvará; porque en verdad, nadie se salva solo.

Esa construcción del personaje principal que se sale del individual para fijarse en el otro y preocuparse, le permite convertirse en un héroe colectivo.

Por otro lado, la última impresión que tengo sobre los primeros capítulos; es el entramado social que conforman al resto de los personajes. Son personas comunes, ninguna sobresale de más, lo justo y necesario, y esa idea de congregarse entre vecinos que también nos hace tan argentinos; porque frente a una catástrofe primero acudimos a la ayuda solidaria, y nunca falta el que mueve ese espíritu combativo y compañero; creo que este ideal lo tiene El Tano Favalli que, de algún modo, pone el hombro y los conocimientos para sobrellevar la situación caótica y resolver.

Considero que el reparto de personajes también está bien logrado y cumplen un rol concreto, no están de más, simplemente, actúan y dejan fluir la trama para que el espectador note que son muchos los que están desamparados y necesitan sobrevivir, ¡juntos!

Los paralelismos y simbolismos

Si algo tiene esta serie es paralelismos y simbolismos por donde lo veas, no importa el ángulo que tomes, vas a encontrar algo oculto que parece invisible y que no lo es, tomando así una resignificación en el imaginario colectivo del argentino. Desde los diálogos icónicos, la publicidad en toda la serie, la música en momentos concretos y reveladores, hasta la representación de escenarios asociados a determinadas épocas de nuestro país. Nada está expuesto al azar y eso me encantó.

Los paralelismos de las generaciones—la de los sesenta hasta los dos mil—, expresado no solo en la tecnología que los rodea, también en el ingenio para determinadas situaciones de supervivencia. Los jóvenes, si bien más despiertos, son más temerosos en ciertas ocasiones, algo que no ocurre con la vieja generación—¿será algo característico?—. El contraste de lo viejo y lo bueno, pone en evidencia el lema principal—lo viejo funciona—, y si, en esa reivindicación de lo viejo, también juega un papel importante los modismos, las costumbres, la forma de relacionarse y las enseñanzas—como Lucas enseñándoles los «trucos» del Truco o la relación de Juan Salvo con Pablo.

Los momentos épicos—como la resistencia que hacen cuando tiran la muralla con el tren—acompañados de la música folclórica, atemporal y memorial llena de historia y cultura argentina, para resaltar el patriotismo y el compañerismo. ¿Es este el nuevo sentimiento de la «patria»? Con un mix importante en la aparición del Ejército Argentino, el mensaje, la intervención, las misiones y la vuelta a «luchar por la patria» con armas y gloria. Se va interponiendo con lo nuevo y lo viejo, las dos formas de ser argentinos en dos generaciones opuestas. Esa resignificación me pareció sublime.

Hay un sinfín de simbología dentro de cada capítulo, en cada rincón de los escenarios, en cada acción y reacción, pero principalmente, la política que se encarna en los puntos muertos y tensiones entre una escena y la otra, esa carga ideológica—no concreta, pero sí congruente—, es la que mueve la trama con fuerza y reafirma el género apocalíptico que resalta el sistema opresor y dominante de los «invasores».

Desde el principio nadie sabe nada, nadie se mete, todos prefieren callar y no involucrarse, redimensiona y refuerza la imágenes de la dictadura militar.

Elementos que no se cuentan

Al menos la primera temporada de Eternauta tiene bastante contenido para expandir y desarrollar en la segunda y que espero con ansias que esas cuestiones se resuelvan. Sin embargo, quiero destacar que, entre los elementos que no se cuentan, uno de ellos, es la razón de la invasión alienígena y entre tantas preguntas sin resolver, como: ¿sucede solo en Argentina? ¿O en otros países y partes del mundo? La respuesta rápida e intuitiva es pensar que sí, pero ¿si te dijera que eso ni siquiera es relevante puesto que la historia se centra en la supervivencia y la resistencia y no tanto en la explicación de dicha catátrofe? Me parece que aquí está la clave de el Eternauta.

Esos elementos que no se cuentan abundan en los seis capítulos, y todo se relaciona con lo mismo: ¿quiénes son estos aliens? ¿para quién trabajan? ¿por qué algunos son dominados y otros no? ¿Cómo fueron secuestrados? Hay algunas hipótesis claras: los cascarudos dominan la mente, usurpan los cuerpos y fingen ser uno más, por desgracia son «colaboracionistas». El hecho de que, al final de la primera temporada, deja en claro que todos pueden estar infectados y que nadie es de fiar, nos hace repreguntar: ¿quiénes son nuestros aliados y hasta dónde conocemos al enemigo?

A pesar de todo, las pistas están ocultas, y solo quedan descifrarlas en la segunda temporada.

Esta idea de no «contar» también resignifica a la dictadura militar dando a entender aquello que no se decía para no ser secuestrado, para no ser desaparecido, para no involucrarse y sobrevivir. Saben que hay algo, no qué, ni por qué, tampoco se animan a descubrirlo, excepto, quizá lo sea Juan Salvo.

El argentinismo a todas partes

Una de las cosas que me encantó con respecto a los personajes es esa sinergia que tienen para involucrar a todos los que nos rodean y automáticamente pasamos a ser argentinos sin importar la etnia. Ningún otro es un «extranjero», sino todos «argentinos». Y eso se deja bastante claro en personajes como Inga y Pablo, esa cultura que es ajena y que también es propia desde lo solidario y lo mutuo. Ese argentinismo que llevamos a todas partes se efleja perfecto en los personajes. Una escena puntual es, por ejemplo, cuando en el capítulo del Shopping sale finalmente el sol y uno de los primeros en animarse es Pablo, dejando en claro y rompiendo con ese estereotipo del chino que es sacrificado en las películas/series del género en el cine hollywoodense.

Muestra, sin lugar a dudas, que pertenecer en Argentina es más que vivir en el país, es un simbolismo de nación e identidad propias de acá. Así como el estatus social de cada personaje, las clases sociales desaparecen en el caos y reaparece la igualdad en términos de condiciones.

Y en ese argentinismo, aparecen los escenarios emblemáticos como el subte, las avenidas, el shopping, la Iglesia, los edificios y centros vecinales, los campos militares y hospitales, como el refugio y el centro de la vida cotidiana resumida en la contención y la ayuda instantánea.

Rápidamente se organizan y se preparan para lo peor. Eso es parte del carácter argentino.

Y me encantó.

En resumen….

Eternauta será un hito histórico en el cine argentino hacia el mundo, no hacia nosotros, porque eso ya lo hemos visto en otras producciones, pero acá hay una exportación de la cultura argentina. Esta serie nos demuestra una vez más que el talento y el ingenio de nuestro arte es digno de admirar y de enseñar. No hay nada que envidiar, todo, está acá.


¿Ya vieron la serie? ¿Cuál es su impresión?



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